No me gusta tener que comprar cosas de forma compulsiva como hace todo el mundo, si puedo reparar yo mismo las cosas que ya tengo para qué andar gastando el dinero que podría gastar en otras cosas que me pudiesen hacer mucha más falta. Además, gastar por gastar no es algo que me encante.

 

Reparar cosas uno mismo da una satisfacción mucho mayor que si te compras algo que ya viene hecho de fábrica, ya que por lo general la gente le tiene aprecio a sus cosas, sobre todo si llevan mucho tiempo dándoles un buen uso, por ejemplo las mochilas a no ser que se les rompa la tela, por lo general con cambiarles las cintas de polipropileno suele ser suficiente para que las mochilas tengan una segunda e incluso una tercera vida que en otras circunstancias no la tendrían, ya que como norma general al mínimo roto otra persona ya se habría comprado otra mochila.

 

 

El otro día se me despegaron las suelas de las chancletas que llevan viviendo bastantes veranos conmigo, pero no veo la necesidad de tener que comprarme otras nuevas, con pegar las suelas sería más que suficiente para que me duren otros cuantos veranos, y lo mismo sucede con otras muchas de mis cosas a las cuales les he llegado a coger cariño, lo cual es comprensible ya que uso esas cosas todos los días.

 

Tengo un amigo que vive en un pueblo al que suelo ir bastante, y al pasar allí unos días te das cuenta de cómo se las tienen que ingeniar para reparar las cosas y los utensilios que utilizan. Ahí es cuando cada uno tiene que demostrar el ingenio que lleva dentro, sólo con pararse a pensar un poco es fácil tener buenas ideas que den soluciones muy prácticas que les pueden facilitar la vida bastante.

 

Lo más importante para poder arreglarnos las cosas que nos gustan es pararnos a pensar en las posibles soluciones que nos puedan ayudar, no es que haga falta ser un genio para poder reparar cosas solamente hace falta pensar un poco y un poco de imaginación.