Ahora me doy cuenta de lo equivocado que estaba cuando no entendía la pasión de mi madre por su casa, tanto a nivel de limpieza como de decoración. Recuerdo que hubo una época en que fregaba el suelo todas las tardes y ponía el grito en el cielo cuando alguien llegaba a casa y estaba el suelo mojado.

Con la decoración era parecido. Siempre estaba maquinando algo, estudiando la posibilidad de cambiar algo de sitio, poner una nueva mesa, instalar nuevas cortinas de lamas, etc. Le encantaba todo lo relacionado con el hogar y a mí me resultaba aburridísimo. Yo quería jugar y olvidarme de si debía tener cuidado con tal o cual jarrón.

Pero cuando uno se hace mayor empieza a entender a los padres… en muchos aspectos. Cuando empiezas a vivir solo, te das cuentas de la importancia que tiene tanto la limpieza como la decoración. Por un lado, limpiar termina resultando agradable cuando acabas la tarea y te sientas a ver que la casa ha quedado bien. Y cuanto más limpias más quieres limpiar, por lo menos nos pasa algunos: empiezas a ver pequeñas imperfecciones por todas partes… Pero tampoco hay que volverse loco.

El tema de la decoración es un poco diferente. Hay personas que no sienten ninguna atracción por esto, piensan en una casa práctica y ya está. Pero otros consideramos que el ambiente debe generar unas sensaciones positivas y por eso ponemos tanto énfasis en el interiorismo.

Hace poco tuve que cambiar las cortinas de lamas de una habitación. Una persona práctica hubiese mirado precio, calidad y poco más. Pero yo busqué y busqué un tono adecuado de madera porque al tratarse del despacho quería que el color de las lamas fuese cálido: tenía en la mente un estilo y hasta que no encontré el material adecuado no paré.

Por eso ahora pienso en la devoción con que mi madre estudia cada mínimo detalle de la casa y siento nostalgia y un poco de vergüenza por no haber entendido antes que el interiorismo es mucho más importante de lo que creía antes.