Mes: junio 2017

ARREGLAR COSAS ES MEJOR QUE COMPRARLAS NUEVAS

No me gusta tener que comprar cosas de forma compulsiva como hace todo el mundo, si puedo reparar yo mismo las cosas que ya tengo para qué andar gastando el dinero que podría gastar en otras cosas que me pudiesen hacer mucha más falta. Además, gastar por gastar no es algo que me encante.

 

Reparar cosas uno mismo da una satisfacción mucho mayor que si te compras algo que ya viene hecho de fábrica, ya que por lo general la gente le tiene aprecio a sus cosas, sobre todo si llevan mucho tiempo dándoles un buen uso, por ejemplo las mochilas a no ser que se les rompa la tela, por lo general con cambiarles las cintas de polipropileno suele ser suficiente para que las mochilas tengan una segunda e incluso una tercera vida que en otras circunstancias no la tendrían, ya que como norma general al mínimo roto otra persona ya se habría comprado otra mochila.

 

 

El otro día se me despegaron las suelas de las chancletas que llevan viviendo bastantes veranos conmigo, pero no veo la necesidad de tener que comprarme otras nuevas, con pegar las suelas sería más que suficiente para que me duren otros cuantos veranos, y lo mismo sucede con otras muchas de mis cosas a las cuales les he llegado a coger cariño, lo cual es comprensible ya que uso esas cosas todos los días.

 

Tengo un amigo que vive en un pueblo al que suelo ir bastante, y al pasar allí unos días te das cuenta de cómo se las tienen que ingeniar para reparar las cosas y los utensilios que utilizan. Ahí es cuando cada uno tiene que demostrar el ingenio que lleva dentro, sólo con pararse a pensar un poco es fácil tener buenas ideas que den soluciones muy prácticas que les pueden facilitar la vida bastante.

 

Lo más importante para poder arreglarnos las cosas que nos gustan es pararnos a pensar en las posibles soluciones que nos puedan ayudar, no es que haga falta ser un genio para poder reparar cosas solamente hace falta pensar un poco y un poco de imaginación.

Mi ático será la envidia del barrio

El ático suele ser la pieza más codiciada de un edificio de viviendas. Influye el hecho de que es el último piso con lo que las vistas suelen ser las mejores, además de las menores molestias que conlleva el hecho de no tener a nadie viviendo encima. Pero lo que más suele sobresalir en un ático es la terraza, lo que es la envidia de los vecinos.

Cuando paseo por el barrio siempre me fijo en las terrazas de estos áticos que son lo que se ve al exterior. Algunas parecen verdaderas obras de arte. Tuve la suerte de conocer una de estas terrazas en una fiesta que dio un vecino y me quedé con las ganas de, algún día, tener mi ático…

No sé si lo había preparado todo así de bien porque celebraba una fiesta o es que siempre lo tiene tan estupendo, pero aquella terraza parecía de película. Es bastante grande y tiene unas vistas espectaculares, pero es que además está diseñado con sumo gusto. Está dividido en dos espacios diferentes. Por un lado, la zona para comer con terrazas cubiertas con una estructura de bambú y, por otro lado, el espacio chill out con sofás y mesas bajas, todo ello de color blanco. Una delicia.

Por supuesto, diseñar y decorar una terraza de este tipo no es nada sencillo. Cuando le comenté un tiempo más tarde mi intención de alquilar un ático en un futuro a corto plazo me comentó que hay que estar preparado para invertir una considerable suma de dinero si pretendemos que el espacio quede bien. Él contrató una empresa especializada en terrazas cubiertas que había diseñado algunos bares de moda… Cuando me dijo todo esto empecé a asustarme. No quise preguntarle el precio porque igual me mareaba y me caía por la barandilla del ático.

Supongo que no hace falta tener la terraza más fashion del barrio para disfrutar de un espacio al aire libre. Ahora que llega el calor debe ser una gozada tener un espacio privado donde tomar el sol y pasar una noche al fresco cuando el calor aprieta.

Dos conservas de tomate rápidas y sencillas

Aprender como hacer conservas no es nada complicado. La técnica es muy parecida en casi todos los casos. Se trata de tener los frascos adecuados y de hervirlos correctamente para que no haya ningún tipo de germen y de preparar el producto para rellenar correctamente dichos frascos.

Una de las conservas más sencillas es la que se realiza con tomate y esta puede ser con tomates enteros o con tomates triturados. Para ambas conservas esterilizamos los frascos y los reservamos. Vamos a necesitar frascos de tamaño pequeño para el tomate triturado y algunos un poco más grandes para los tomates enteros.

El primer paso consiste en lavar bien los tomates y quitarles la parte verde. En el extremo opuesto se hace un corte en forma de cruz. Se pone el agua a hervir y justo cuando comience la ebullición se echan los tomates con mucho cuidado y se dejan en el agua solo un minuto.

Una vez escaldados resultarán muy fáciles de pelar. Cuando estén totalmente limpios y pelados separamos aquellos más enteros y duros a un lado y los más maduros al otro. Con los maduros prepararemos la salsa. Solo hay que triturar el tomate, pudiendo añadir a la pulpa alguna hierva aromática como el orégano. Se puede añadir orégano a una parte del tomate, ajo a otra y dejar alguna salsa sin nada más.

Los tomates enteros se introducen en los frascos más grandes tratando de presionar para que entren bien. Pueden cortarse al medio para que resulte más fácil. Cuando el bote está lleno se vierte aceite de oliva para que los cubra hasta el borde del frasco y se cierra. Normalmente, hará falta muy poco aceite porque los tomates deben de estar bastante apretados.

Las salsas también se introducen hasta el borde del frasco. Se puede poner un poco de aceite de oliva en el borde porque ayudará a que se conserve mejor. Cuando todos los frascos estén cerrados se colocarán en una olla profunda para proceder al baño maría.

Es importante colocar unos paños para que no se golpeen unos frascos con los otros. Es suficiente con tenerlos treinta minutos al fuego para asegurarse de que el cierre es totalmente hermético. Se dejan enfriar a temperatura ambiente, se etiquetan para saber qué contienen y la fecha en la que se realizó la conserva y se pueden guardar listos para consumirse cuando sea necesario.

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