Mes: octubre 2017

UN POCO DE PRIVACIDAD PARA LOS MAYORES

El otro día iba por la calle y me fijé que en uno de los Centros de dia para mayores centro Madrid se veía a las personas mayores desde la calle y no me pareció bien. Normalmente las personas a las que tienen que llevar a esa clase de centros suelen ser personas o que bien están enfermas o bien porque no pueden cuidar de ellos mismos, por eso no creo que sea necesario que tengan un ventanal tan grande desde el cual les puede ver cualquiera que pase por la calle.

 

Me pregunto, si a la gente que lleva a sus mayores a esta clase de centros de día les parecería bien que a ellos les dejasen en uno de estos centro a la vista de todos desde la calle, seguro que no les haría ninguna gracia, pero como no es el caso a ellos les da bastante igual.

 

Aunque he de reconocer que a los señores y señoras mayores que he visto en el centro de día no parecía que les molestase en exceso que nadie les viese, también es probable que no se diesen cuenta de que la gente les observa desde la calle, parecían muy entretenidos coloreando dibujos o jugando a las cartas.

 

Creo que a bastantes de las personas a las que llevan a los centros de día están allí bastante a gusto ya que están con gente de su edad, y además algunos de los centros de día, aparte de los empleados tienen voluntarios que les van a contar cuentos a las personas mayores, cosa que les gusta mucho, y en muchas ocasiones son las propias personas mayores las que les cuentan historias de sus vivencias a los voluntarios que van a verles. La función de estos voluntarios les hace muy bien a las personas mayores, ya que se dan cuenta de que a algunos jóvenes sí que les gusta ir a junto de las personas mayores para aprender un poco de sus conocimientos adquiridos con la edad. Espero que si en algún momento me meten en un centro de día haya jóvenes que quieran escuchar mis historias, seguro que se ríen un buen rato.

Adicta a los programas de cocina

Mi mujer es adicta. Yo lo sufro en silencio, casi cada noche. Me siento a su lado para que tenga compañía, aunque ella ni me ve. A veces le tengo que limpiar con un pañuelo, porque la pobre se baba, claro, es normal en su situación… Y cuando termina de administrarse su dosis, va la cocina y empieza trastear con todo. Nunca sabes cómo saldrá de allí. Sí, lo admito, mi mujer es adicta a los programas de competición gastronómica. Se merienda hasta el Masterchef italiano vía satélite en versión original… Dice que “más o menos lo entiende”.

Al principio no le di importancia. Empezó con aquel cocinero orondo que lleva ropa llamativa. No sé cuál es su nombre ni me interesa. El chef ese entraba en las cocinas de los restaurantes y discutía con la gente. Muy interesante todo. Pero mi mujer parecía disfrutarlo de lo lindo.

Y luego empezó el programa de TVE. Y fue el acabose, como dicen en mi pueblo. Empezó a tomar nota de los platos que se preparaban: esto lleva 80 gramos de leche en polvo entera y necesito urgentemente comprar maicena, toneladas de maicena. Hasta aquel día habíamos oído hablar de la maicena, pero no sabíamos muy lo que era, no somos nada cocinillas…

Mi mujer no sabía freír un huevo y sigue sin saber (dice que para Ferrán Adriá es uno de los platos más complicados), pero cuando entra en la cocina se pone un gorro de esos de chef y hasta se ha comprado un delantal con cuadritos rojos y blancos para emular al chef ese de marras.

Entonces todos estos programas de competición gastronómica empezaron a proliferar, no solo en España, sino allende los mares. Y como tenemos un montón de canales en la plataforma que me he agenciado (yo estoy enganchado a la televisión, menos a los programas de cocina…)

Últimamente mi mujer me ha convencido para que cocine con ella. Me ha comprado un gorro y todo. De momento, la ayudo leyéndole los ingredientes y cosas así: 80 gramos leche en polvo entera, una cucharadita de Maicena, etc. Tenemos una tablet en la cocina y así podemos repetir el programa de la noche anterior. Me he asustado un poco, porque me descubrí a mí mismo mirando el programa sin pestañear, tengo miedo de convertirme yo también en adicto…

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