A grandes rasgos, la indemnización por despido Vigo es una reparación monetaria que la empresa debe abonar al trabajador cuando se carece de motivos que justifiquen el cese. Pero esta acción se confunde usualmente con el finiquito, que no siempre se produce a consecuencia de un despido.
En primer término, la indemnización significa en derecho laboral, compensar económicamente al empleado por la suspensión abrupta e injustificada de su puesto de trabajo. Por tanto, debe interpretarse como una reparación de los daños y perjuicios sufridos por parte de las acciones del empleador.
Las indemnizaciones por despido se dividen en dos grupos: el disciplinario y el objetivo. Cuando a juicio de la empresa, el trabajador no ha cumplido con las metas laborales o el rendimiento estipulado en su contrato, se produce el cese de tipo disciplinario. Esta clase de indemnizaciones solo prosperará si el juez en cuestión considera que el despido se efectuó de modo improcedente.
El despido objetivo, en cambio, supone la finalización contractual sin que el trabajador haya incumplido las condiciones pactadas con la empresa, que argumenta razones financieras, organizativas, de impericia del empleado, etcétera. Sea como fuere, el afectado no es juzgado como responsable.
La nulidad o improcedencia de este tipo de despido se produce cuando el empleador se revela incapaz de aportar documentos probatorios de sus causas. Si estas no pueden acreditarse en un juicio, el trabajador estará legitimado a recibir una indemnización.
Respecto al finiquito, engloba las remuneraciones que fueron devengadas por el empleado y que todavía no ha sido satisfechas por su empresa. En otras palabras, es una liquidación de los días trabajados, las horas extra y otros pagos pendientes.
Así, la indemnización y el finiquito se complementan, pues en caso de despido se cobra no sólo el finiquito, sino también la indemnización si el empleado es capaz de demostrar la improcedencia del cese.