- El chocolate. El chocolate tiene un sabor muy dulce y cuando está elaborado con un cacao de calidad puede tener un amplio matiz de sabores que se verán muy potenciados con un toque de sal.
Hoy podemos encontrar bombones de sal y limon, por ejemplo, que lejos de resultar salados o ácidos son dulces y hacen que el cacao destaque de forma muy especial. Los contrastes de sabores crean una experiencia única que ayuda a disfrutar todavía más del chocolate de calidad.
También podemos encontrar tabletas de chocolate al punto de sal, con granos de sal que se encuentran por el medio para acentuar este contraste.
- Los bizcochos y galletas dulces. Todos los que cocinan dulces saben que un ingrediente imprescindible en cualquier receta es una pizca de sal. Esto puede sorprenderte cuando preparas bizcochos o galletas dulces, pero es importante que la añadas. Y no solo porque potencia el sabor. La sal juega en este caso otros papeles iguales o más importantes.
Para empezar, la sal ayuda en el proceso de fermentación de la masa. Hace que este proceso se ralentice, lo que ayuda a que los panes dulces, como los roscones, puedan tener ese largo proceso de fermentación que necesitan para que estén en su punto.
Además, la sal ayuda a que el gluten se integre mejor y le aporta esa miga tan esponjosa y rica a los dulces tipo bolla. La sal también atrae la humedad, haciendo que estos postres se mantengan frescos durante más tiempo.
- La fruta. En España tenemos la costumbre de tomar la fruta con cosas dulces, como por ejemplo las fresas con nata. O de aderezar macedonias con azúcar. Pero con eso solo estamos aumentando la cantidad de azúcar que de por sí tiene la fruta y haciendo que un alimento bastante sano acabe siendo demasiado calórico.
Como hemos dicho, el chocolate es capaz de potenciar el sabor dulce y la fruta no es una excepción. Si te fijas, mucha gente en América del Sur come la fruta típica de la zona, como los mangos, con una arena de sal. Cualquier fruta puede saber más dulce añadiendo una pequeñísima cantidad de sal.
¿Te sorprende? Pues seguro que más de una vez has comido melón con jamón y has disfrutado de la combinación. Y se basa exactamente en el mismo tipo de mezcla.