El divorcio, un proceso ya de por sí doloroso, se complica aún más cuando toca enfrentarse a la liquidación de gananciales. Una tarea que, lejos de ser un mero trámite legal, se convierte en un viaje al pasado, reviviendo momentos compartidos, decisiones conjuntas y sueños que ya no se cumplirán.
Nuestra historia juntos dejó un rastro de bienes y deudas, un patrimonio que ahora debíamos dividir. La casa familiar, el coche, los ahorros, las inversiones… cada elemento se convirtió en un recordatorio de lo que tuvimos y de lo que ya no será. Y en medio de esa vorágine emocional, la tarea de negociar un reparto justo se antojaba casi imposible.
Acudir a abogados en Vigo fue una decisión acertada. Necesitábamos profesionales que nos guiaran en este laberinto legal, que velaran por nuestros intereses y que nos ayudaran a alcanzar un acuerdo equitativo. La primera reunión fue tensa, cargada de emociones reprimidas. Pero poco a poco, con la mediación de nuestros abogados, fuimos capaces de poner sobre la mesa nuestras prioridades y de empezar a construir un camino hacia la liquidación.
La casa, nuestro hogar durante tantos años, fue el punto más conflictivo. Recordaba cada rincón, cada mueble, cada detalle que habíamos elegido juntos. Pero también sabía que era necesario tomar una decisión racional. Finalmente, acordamos venderla y repartir el beneficio a partes iguales. Una decisión dolorosa, pero justa.
El resto del patrimonio fue más fácil de dividir. Los ahorros, las inversiones y los bienes muebles se repartieron de acuerdo con nuestras aportaciones y necesidades. Pero incluso en esos momentos, la carga emocional era palpable. Cada firma, cada documento, cada decisión, era un paso más hacia la separación definitiva.
La liquidación gananciales Narón no es solo una cuestión de números, es un proceso que remueve los cimientos de una vida compartida. Es enfrentarse al pasado, asumir las consecuencias de nuestras decisiones y construir un futuro independiente. Y en ese camino, contar con el apoyo de abogados expertos en Vigo fue fundamental.
Ahora, con la liquidación finalizada, siento una mezcla de alivio y tristeza. Alivio por haber cerrado un capítulo doloroso, y tristeza por todo lo que dejamos atrás. Pero también siento esperanza. La esperanza de un nuevo comienzo, de una nueva vida en la que podré construir mi propia felicidad.