Aunque en mi historial de viajes he partido de varios aeropuertos, tengo que admitir que el parking aeropuerto Santiago de Compostela-Lavacolla se ha convertido en un viejo conocido para mí. Han sido ya varias las ocasiones en las que, por diversos motivos, he optado por dejar mi coche allí durante mis escapadas. Y la verdad, cada vez que lo hago, la experiencia refuerza mi decisión.
La primera vez que utilicé el parking de Lavacolla fue por pura necesidad. Tenía un vuelo temprano por la mañana y la combinación de transporte público desde Vigo se me hacía demasiado complicada a esas horas. Decidí que la comodidad de llevar mi propio coche y dejarlo allí, a pie de terminal, compensaría cualquier coste. Y así fue. Recuerdo llegar, ver las indicaciones claras hacia los diferentes aparcamientos (el P1 de corta estancia, el P2 de larga estancia, el low cost…), elegir el que mejor se adaptaba a mis días de viaje y aparcar sin complicaciones. El sistema de entrada y salida con la matrícula lo hace todo muy ágil, algo que valoro muchísimo cuando uno va con prisa o con la cabeza en el viaje.
Desde entonces, se ha convertido en mi opción preferida para muchos de mis vuelos desde Santiago. A menudo, encuentro ofertas online reservando con antelación, lo que reduce significativamente el coste, especialmente para estancias de una semana o más. He probado tanto el P2 de larga estancia, que está a un paseo agradable de la terminal, como el P3 o aparcamiento low cost, que aunque requiere un pequeño trayecto en autobús lanzadera (muy puntual, por cierto), es imbatible en precio. Para mí, esa pequeña molestia del autobús se diluye cuando veo el ahorro.
Lo que más aprecio de este parking es la tranquilidad. Saber que mi coche está en un recinto seguro, vigilado y bien iluminado, me permite viajar sin preocupaciones. No tengo que depender de horarios de trenes o autobuses ni pedir favores a nadie para que me lleve o me recoja. Es esa sensación de autonomía y control la que me hace volver una y otra vez.
Además, la ubicación del aeropuerto de Lavacolla, aunque no sea mi ciudad, es bastante accesible desde Vigo a través de la AP-9, lo que hace que el trayecto en coche sea directo y rápido. Comparado con la alternativa de ir a Oporto o Madrid, el viaje por carretera es mucho más corto y menos estresante.
En definitiva, aunque al principio pudo ser una elección forzada por las circunstancias, el parking del Aeropuerto de Santiago de Compostela-Lavacolla se ha ganado mi confianza y se ha convertido en una pieza fundamental de mis planes de viaje. Es una solución práctica, segura y, si se gestiona bien, sorprendentemente económica para mis escapadas desde Galicia.