A Cíes con el cole

Como parte de mi trabajo vinculado a los colegios de aquí, de Vigo, tengo la inmensa suerte de participar, y a veces organizar, una de las actividades más esperadas y especiales del curso escolar: las excursiones Islas Cíes. Ahora que avanza la primavera, sobre todo pensando en mayo o junio, ya se empieza a sentir esa emoción en el aire, tanto entre los alumnos como, no nos engañemos, también entre los profesores. Y es que tener un Parque Nacional de esta belleza literalmente a un corto viaje en barco es un privilegio increíble para la educación ambiental de nuestros niños y niñas.

Preparar una excursión escolar a Cíes no es una simple salida, claro. Requiere una planificación cuidadosa: solicitar con antelación los permisos especiales para grupos educativos al Parque Nacional, coordinar los horarios con las navieras que operan la ruta, preparar material didáctico adaptado a las edades, y sobre todo, mentalizar a los chicos sobre la importancia de respetar este entorno protegido. Recordarles las normas básicas: no salirse de los senderos marcados, no molestar a los animales, no dar de comer a las gaviotas (¡aunque insistan!), y traer de vuelta toda la basura que generemos.

Ver sus caras de asombro cuando el barco se acerca y divisan la playa de Rodas por primera vez es algo que no tiene precio. Para muchos, es su primer contacto directo con un espacio natural de estas características. Una vez allí, Cíes se convierte en la mejor aula de naturaleza imaginable. Podemos hablarles sobre la formación de las islas, la importancia de proteger el sistema dunar, observar de cerca la flora local o identificar algunas de las aves marinas que anidan allí, como la gaviota patiamarilla o los cormoranes moñudos. Explicarles in situ por qué es un Parque Nacional cobra mucho más sentido que en cualquier libro de texto.

Pero la excursión es mucho más que una lección de ciencias naturales. Es la emoción del viaje en barco todos juntos, es la diversión (controlada) en la playa, es compartir el bocadillo con los compañeros con vistas espectaculares, es la aventura de seguir un sendero y descubrir un nuevo mirador. Son experiencias de convivencia, de descubrimiento y de pura alegría que sé que muchos guardarán como un recuerdo imborrable de su etapa escolar.

Creo firmemente que estas visitas son fundamentales. Más allá del día diferente fuera del aula, estas excursiones a Cíes siembran en nuestros escolares de Vigo una semilla de conciencia ambiental, de respeto por la naturaleza y de orgullo por el patrimonio natural único que tenemos la suerte de tener tan cerca de casa. Es una lección de vida, una conexión directa con su entorno que, ojalá, les acompañe siempre.