¡Oh, la dulce sinfonía del martillo percutor a las ocho de la mañana! Ese es el sonido que, hasta hace no mucho, marcaba el inicio de cualquier aventura de renovación en el hogar. Un preludio al polvo que se instalaría en cada resquicio, a la odisea de mover muebles y a la inevitable discusión sobreSeguir leyendo