Detectar caídas, geolocalizar a sus usuarios o enviar recordatorios sobre la medicación son algunas de las prestaciones de los dispositivos de teleasistencia. En los últimos años, este mercado ha experimentado un boom sin precedentes debido a una confluencia de factores: el aumento de la población envejecida, el apoyo de las administraciones públicas o la mayor asequibilidad de esta tecnología (porque el precio reloj durcal, por ejemplo, es más económico que los smartwatches convencionales).
Las dudas sobre si merece o no la pena invertir en esta tecnología son comprensibles. Hablamos de dispositivos dotados de funciones que habrían sido impensables hace una década. Pero la desconfianza natural hacia lo nuevo, lo desconocido no debería privar a personas vulnerables de beneficiarse de esta tecnología pionera.
La relación calidad-precio de los relojes de teleasistencia ha mejorado de forma significativa. Los diferentes planes de suscripción, sumados a la posibilidad de financiar el producto (que Durcal ofrece gratuitamente con el plan anual), aumentan el atractivo de esta tecnología, hoy al alcance de todos.
Los adultos mayores son un perfil de usuario no nativo digital que se ve lastrado, además, por el déficit visual y cognitivo propio de la edad avanzada. Por este motivo, la usabilidad de los dispositivos de teleasistencia ha sido diseñada desde cero para satisfacer las necesidades de este público. Pedir ayuda a terceros para configurar el reloj es cosa del pasado.
En línea con este beneficio, la teleasistencia busca simplificar las preocupaciones del usuario. Otro punto a favor en este sentido es la autonomía de la batería. Conscientes del riesgo de que su público objetivo —mayores de sesenta y cinco años con problemas de memoria— se olvide de cargar el dispositivo, su sistema les advierte cuando la batería está en mínimos. De igual forma, cuenta con recordatorios que previenen la sobremedicación, para tranquilidad de sus cuidadores y allegados.