Abrir la puerta del local cada mañana en Vigo tiene su propio ritual. Muchas veces me recibe esa llovizna fina, el típico orballo, que deja las aceras del centro con un brillo casi melancólico bajo el cielo gris. Sin embargo, al cruzar el umbral de la tienda de cocinas en Vigo, el ambiente cambia deSeguir leyendo