Categoría: Alimentación

Dos conservas de tomate rápidas y sencillas

Aprender como hacer conservas no es nada complicado. La técnica es muy parecida en casi todos los casos. Se trata de tener los frascos adecuados y de hervirlos correctamente para que no haya ningún tipo de germen y de preparar el producto para rellenar correctamente dichos frascos.

Una de las conservas más sencillas es la que se realiza con tomate y esta puede ser con tomates enteros o con tomates triturados. Para ambas conservas esterilizamos los frascos y los reservamos. Vamos a necesitar frascos de tamaño pequeño para el tomate triturado y algunos un poco más grandes para los tomates enteros.

El primer paso consiste en lavar bien los tomates y quitarles la parte verde. En el extremo opuesto se hace un corte en forma de cruz. Se pone el agua a hervir y justo cuando comience la ebullición se echan los tomates con mucho cuidado y se dejan en el agua solo un minuto.

Una vez escaldados resultarán muy fáciles de pelar. Cuando estén totalmente limpios y pelados separamos aquellos más enteros y duros a un lado y los más maduros al otro. Con los maduros prepararemos la salsa. Solo hay que triturar el tomate, pudiendo añadir a la pulpa alguna hierva aromática como el orégano. Se puede añadir orégano a una parte del tomate, ajo a otra y dejar alguna salsa sin nada más.

Los tomates enteros se introducen en los frascos más grandes tratando de presionar para que entren bien. Pueden cortarse al medio para que resulte más fácil. Cuando el bote está lleno se vierte aceite de oliva para que los cubra hasta el borde del frasco y se cierra. Normalmente, hará falta muy poco aceite porque los tomates deben de estar bastante apretados.

Las salsas también se introducen hasta el borde del frasco. Se puede poner un poco de aceite de oliva en el borde porque ayudará a que se conserve mejor. Cuando todos los frascos estén cerrados se colocarán en una olla profunda para proceder al baño maría.

Es importante colocar unos paños para que no se golpeen unos frascos con los otros. Es suficiente con tenerlos treinta minutos al fuego para asegurarse de que el cierre es totalmente hermético. Se dejan enfriar a temperatura ambiente, se etiquetan para saber qué contienen y la fecha en la que se realizó la conserva y se pueden guardar listos para consumirse cuando sea necesario.

Leche sin lactosa ¿tiene los mismos valores?

Es habitual pensar que la leche sin lactosa tiene que tener un menor valor calórico que la leche normal. El razonamiento es que ya que no lleva los azúcares de la leche, necesariamente debería de tener menos hidratos. Pero estamos partiendo de un concepto totalmente equivocado.

La leche sin lactosa tiene exactamente todo lo que tiene la leche normal, pero se le añade a mayores lactasa, que es la enzima que ayuda a que el intestino digiera la lactosa. Y es que este azúcar no se puede separar de la leche para eliminarlo, tan solo puede neutralizarse de esta manera.

La leche sin lactosa entera tiene pues las mismas calorías que la leche entera normal y si lo que se desea es rebajar estos valores hay que recurrir a la leche desnatada, sea esta con o sin lactosa.

La leche sin lactosa tiene calcio también en la misma medida que la leche normal, por eso si tomas leche porque quieres recibir un aporte extra, no tienes por qué preocuparte en el caso de que la estés tomando sin lactosa.

En cualquier caso, hay variedades enriquecidas, al igual que ocurre con la leche normal, pero solo para dar más todavía, no porque el producto carezca de los valores normales de calcio.

Y si lo que queremos saber es si vamos a tener el mismo sabor, lo cierto es que sí. Es cierto que algunas variedades de leche deslactosada tienen un gusto más dulce, pero es solo algo que se le añade a la vez que la lactasa y que tiene que ver con el modo de tratar los lácteos de cada marca.

Lo normal sería que todas las leches tuvieran el mismo sabor y la única diferencia fuera respecto a las enteras y a las desnatadas, las cuales tiene un gusto más suave debido a la carencia de grasa.

En lo que se refiere a su utilización, la leche sin lactosa se puede usar para cualquier receta sustituyendo a la leche entera. Solo hay que tener cuidado en la preparación de ciertos productos que precisan de la lactosa para poder llevarse a cabo.

Un ejemplo es el kéfir de leche, el cual se alimenta de la lactosa y no se puede o no se debe de hacer con leche que carezca de ella, ya que el hongo se dañaría y no se estarían obteniendo sus propiedades.

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